Pasa lo siguiente: que aunque uno no lo quiera, o peor aún, aunque uno no se de cuenta, la vida en sus misteriosos recorridos está llena de curvas que una vez superadas en el tiempo, uno mira hacia atrás y no se ve lo que había antes de que uno girara esa curva. Y no hay vuelva, porque el tiempo a uno lo empuja hacia adelante como un bouncer de discoteca. Cómo era yo entonces, antes, antes de doblar hacia donde la vida me estaba llevando? Tal vez si hago un esfuerzo puedo acordarme, puedo incluso recordar cómo estaba vestido un día determinado, cómo me sentía, si tenía esperanzas en el futuro... pero una cosa es cierta, y es que muchas cosas irremediablemente se pierden. No hay forma de recuperarlas. Hagámosnos la idea, porque es un hecho de la vida: en innumerables casos, lo que fuimos, nos es extraño a lo que somos.
Es una cosa extraordinaria, por decir lo menos: porque lo más sorprendente es que esto ocurre sin que nos demos cuenta, o así nos ocurre a la mayoría, estamos siempre preocupados de la curva que viene más que de las que nos ha tocado doblar.
Yo a veces pienso en mis amigos de cuando yo tenía 15 o 16 años, y creo que la mayoría eran unos pelmazos con los cuales hoy no querría tener una conversación ni de diez minutos. A lo más les pediría la hora en la calle, de no ser por la estúpida convención de tener que ser amable con alguien que se conoce, y verse obligado a preguntar (aunque no se tenga ningún interés) por parientes, ex- amigos en común, etc.
Sería tanto más humano hacer un rápido reconocimiento de la anterior amistad, preguntar la hora y seguir el camino.
- Y si el otro en cambio sí quiere hablar de la amistad pasada, de las aventuras juntos, de la adolescencia y experiencias vividas? - me pregunta mi lado tradicionalista y socialmente domesticado.
- En ese caso, me respondo, con toda sinceridad, con educación y firmeza se dicen las siguientes palabras (u otras equivalentes): "Sigo mi camino. No deseo ahora recordar eso. Buenas tardes".
Lo hermoso sería que el primero tuviera la libertad de decirlo y el segundo tuviera el poder de no ofenderse. Sería hermoso, todos tendríamos un control total de nuestro pasado, de qué cosas queremos recordar y qué cosas en cambio nos atan como seres sociales que están obligados (y por ende no son libres) de recordar.
Pues bien, yo tenía un blog anterior (https://guatanga.blogspot.com/) que escribí por varios años pero que por diversos motivos descontinué. Me pasó que al leer algunos de los posts, no me reconocí como el autor de las líneas, como el origen de las ideas que estaban expresadas. A pesar de que todas esas palabras eran como una bolsa de piedras preciosas que resonaban con potencia en mi memoria. Como si los hubiera escrito en sueños. O como si pertenecieran a otra vida anterior. Como una foto movida de mi mismo, borrosa en sus contornos, pero mia, siempre era yo. Pero distinto.
Tuve una sensación extraña, la de haber perdido algo, o al menos de desconocerme en lo que leía. Y de extrañarlo, de sentir su falta.
Por lo tanto, consecuente con la dinámica de las curvas vitales, donde lo que queda atrás ya no forma parte de nuestras vidas, abro un nuevo blog, en donde quiero acumular algunas cosas extraordinarias que me ocurran o me pasen por la mente o por el corazón. Donde resida mi identidad. Donde yo esté, donde me reconozca. Sin lirismo ni aspiraciones poéticas. Como venga. En el mejor español posible.
En otras palabras, quiero hacer de este un archivo de una memoria selectiva. Atrapar esos momentos como el cazador que atrapa leones y antílopes no por hambre, sino por la belleza de la captura.
Pues bien, este blog es mi intento personal por salvarme de los momentos y sus curvas. Como este es un post de filosofía barata, o al menos a precios convenientes, no voy a decir que quiero hacer una colección de mis momentos de "eureka!". Digamos mejor que voy a exclamar "recórcholis!". Y trataré de guardarlo en las estanterías de este blog.
Nessun commento:
Posta un commento