Quiénes son los bárbaros?
A mi me gustaría hacerle esta pregunta a Alessandro Baricco, luego de haber terminado su libro sobre el fenómeno de la barbarie cultural. La barbarie él la entiende como la fuerza que en su visión de las cosas está derribando la civilización del iluminismo como la peste que hace sucumbir la población amurallada de la ciudad ilustrada, la escuela de Atenas de Rafael de pronto cae presa de un virus que no se detiene ante nada.
Pero mi querido Baricco, tú tiras la piedra y escondes la mano! Levanta el dedo índice y apuntalos a quiénes son los responsables de tanto desastre! No puede ser que escondas esta acusación evidente por su ausencia de un libro tan encendido. Es como un "j'accuse!" sin decir a quién se está acusando, más allá de hablar de la figura impalpable de los llamados "bárbaros" que no se entiende si son personas de carne y hueso, si son una metáfora sin tiempo para hablar de las mutaciones culturales, o bien es sólo una figura poética para referirse al inconformismo que nos corroe el alma (o al menos el alma de Baricco, compuesta por su propia confesión de segmentos de barbarie).
Un filósofo amigo me dice que todos los conservadores tienden a ser por naturaleza, pesimistas. Y Baricco es ambas cosas, intensamente. Conservador y pesimista. Conservador porque eso de añorar una época pasada, donde los iluminados estudiaban la Gran Cultura mientras escuchaban a Hydn es un síntoma bastante claro de alguien que no tiene los pies bien puestos en el tiempo que le tocó vivir. Pesimista porque describe una batalla en un tono de derrota, y no hay peor derrotado que el que se imagina una pelea , la declara perdida y la tiene por cierta, por ocurrida.
Las mutaciones son permanentes. Lo único permanente es el cambio and all that jazz. Baricco lo debería saber, ya que él mismo es un escritor exitoso y seguido por muchos "bárbaros" en su propia definición. Entonces por qué fijarse tanto en la mutación que está (indudablemente) ocurriendo frente a nuestros ojos, y considerarla como una especie de involución, un degrado de un bien que teníamos antes de la llegada (figura metafórica) de los bárbaros? Él mismo lo dice, casi al terminar el libro, y termina diciendo: pero bueno, es que este pensamiento habría que seguir desarrollándolo... como quien dice, no quiero seguir caminando por este camino que he construido, porque me acabo de dar cuenta que me lleva a un precipicio...
En resumen: Baricco piensa que puede ser él un gran defensor de la Cultura, así, escrita con C mayúscula. Y se llena de citas y name dropping. Y en parrafadas sin fin que podrían resumirse en dos o tres ideas, innecesariamente complicadas como para dar una sensación de profundidad, pero que no es más que un limón seco, que al exprimirlo da pocas gotas de jugo.
Y el jugo es bueno? más o menos, porque luego de armarse con el escudo y la espada a la defensa de la Cultura, se bate en retirada en un discurso que no deja espacio a una reflexión sobre hacia dónde vamos como civilización. La pregunta no es cuántas lágrimas derramar sobre el cajón de la ilustración, mi querido Baricco (eso, si damos por descontado que la ilustración efectivamente está muerta). La pregunta más bien es saber cómo los cambios de la sociedad actual y que tú abominas bajo la denominación peyorativa de bárbaros van a llevarnos a algo nuevo, distinto. Mejor o peor que lo anterior es algo que està en discusiòn, si aún no has perdido totalmente la fe en el género humano.
No, yo me resisto a pensar que los fenómenos que tú describes sean totalmente antagónicos a una idea de expresiones superiores de cultura. Los humanos son (somos) seres por naturaleza variados, y está en nuestro íntimo ser el de reinventarnos continuamente, de no estar nunca quietos. Todas las épocas tienen luces y sombras. Esta también. Y desde ese punto de vista, nada es totalmente civilizado o totalmente bárbaro. Tal vez por eso no logras identificar a nadie a quien lanzar esta piedra, este libro que a mi me parece un poco mal avenido o no muy bien pensado. Tal vez te faltó conversarlo con alguien que efectivamente pudiera criticarlo libremente. Tal vez lo conversaste sólo con tus discípulos que asintieron sin cuestionar la palabra del maestro. Tal vez por eso dejas escapar cosas como "lo que quisiera que aprendieran de esto es que...", seguido de alguna frase que tal vez a ti te parecerá indiscutible, que escucharla es sinónimo de aceptarla y aprenderla. Pero a mi me parece demasiado pesimista y sobre todo demasiado cómoda, porque es siempre más fácil destruir que proponer.
Y vuelvo al problema original. Quiénes son los bárbaros? Permiteme aventurar una respuesta, que tal vez a ti te sonará como sacrilegio: los bárbaros no existen, Baricco. Es sólo el signo de los tiempos y sus mutaciones permanentes. Los bárbaros de que hablas están sólo en tu imaginación.
Cosas que vale la pena recordar de la tormenta de información en la que estamos sumidos
giovedì 31 marzo 2011
lunedì 28 marzo 2011
Filosofía barata, o al menos a buen precio!... para los regalones!
Pasa lo siguiente: que aunque uno no lo quiera, o peor aún, aunque uno no se de cuenta, la vida en sus misteriosos recorridos está llena de curvas que una vez superadas en el tiempo, uno mira hacia atrás y no se ve lo que había antes de que uno girara esa curva. Y no hay vuelva, porque el tiempo a uno lo empuja hacia adelante como un bouncer de discoteca. Cómo era yo entonces, antes, antes de doblar hacia donde la vida me estaba llevando? Tal vez si hago un esfuerzo puedo acordarme, puedo incluso recordar cómo estaba vestido un día determinado, cómo me sentía, si tenía esperanzas en el futuro... pero una cosa es cierta, y es que muchas cosas irremediablemente se pierden. No hay forma de recuperarlas. Hagámosnos la idea, porque es un hecho de la vida: en innumerables casos, lo que fuimos, nos es extraño a lo que somos.
Es una cosa extraordinaria, por decir lo menos: porque lo más sorprendente es que esto ocurre sin que nos demos cuenta, o así nos ocurre a la mayoría, estamos siempre preocupados de la curva que viene más que de las que nos ha tocado doblar.
Yo a veces pienso en mis amigos de cuando yo tenía 15 o 16 años, y creo que la mayoría eran unos pelmazos con los cuales hoy no querría tener una conversación ni de diez minutos. A lo más les pediría la hora en la calle, de no ser por la estúpida convención de tener que ser amable con alguien que se conoce, y verse obligado a preguntar (aunque no se tenga ningún interés) por parientes, ex- amigos en común, etc.
Sería tanto más humano hacer un rápido reconocimiento de la anterior amistad, preguntar la hora y seguir el camino.
- Y si el otro en cambio sí quiere hablar de la amistad pasada, de las aventuras juntos, de la adolescencia y experiencias vividas? - me pregunta mi lado tradicionalista y socialmente domesticado.
- En ese caso, me respondo, con toda sinceridad, con educación y firmeza se dicen las siguientes palabras (u otras equivalentes): "Sigo mi camino. No deseo ahora recordar eso. Buenas tardes".
Lo hermoso sería que el primero tuviera la libertad de decirlo y el segundo tuviera el poder de no ofenderse. Sería hermoso, todos tendríamos un control total de nuestro pasado, de qué cosas queremos recordar y qué cosas en cambio nos atan como seres sociales que están obligados (y por ende no son libres) de recordar.
Pues bien, yo tenía un blog anterior (https://guatanga.blogspot.com/) que escribí por varios años pero que por diversos motivos descontinué. Me pasó que al leer algunos de los posts, no me reconocí como el autor de las líneas, como el origen de las ideas que estaban expresadas. A pesar de que todas esas palabras eran como una bolsa de piedras preciosas que resonaban con potencia en mi memoria. Como si los hubiera escrito en sueños. O como si pertenecieran a otra vida anterior. Como una foto movida de mi mismo, borrosa en sus contornos, pero mia, siempre era yo. Pero distinto.
Tuve una sensación extraña, la de haber perdido algo, o al menos de desconocerme en lo que leía. Y de extrañarlo, de sentir su falta.
Por lo tanto, consecuente con la dinámica de las curvas vitales, donde lo que queda atrás ya no forma parte de nuestras vidas, abro un nuevo blog, en donde quiero acumular algunas cosas extraordinarias que me ocurran o me pasen por la mente o por el corazón. Donde resida mi identidad. Donde yo esté, donde me reconozca. Sin lirismo ni aspiraciones poéticas. Como venga. En el mejor español posible.
En otras palabras, quiero hacer de este un archivo de una memoria selectiva. Atrapar esos momentos como el cazador que atrapa leones y antílopes no por hambre, sino por la belleza de la captura.
Pues bien, este blog es mi intento personal por salvarme de los momentos y sus curvas. Como este es un post de filosofía barata, o al menos a precios convenientes, no voy a decir que quiero hacer una colección de mis momentos de "eureka!". Digamos mejor que voy a exclamar "recórcholis!". Y trataré de guardarlo en las estanterías de este blog.
Es una cosa extraordinaria, por decir lo menos: porque lo más sorprendente es que esto ocurre sin que nos demos cuenta, o así nos ocurre a la mayoría, estamos siempre preocupados de la curva que viene más que de las que nos ha tocado doblar.
Yo a veces pienso en mis amigos de cuando yo tenía 15 o 16 años, y creo que la mayoría eran unos pelmazos con los cuales hoy no querría tener una conversación ni de diez minutos. A lo más les pediría la hora en la calle, de no ser por la estúpida convención de tener que ser amable con alguien que se conoce, y verse obligado a preguntar (aunque no se tenga ningún interés) por parientes, ex- amigos en común, etc.
Sería tanto más humano hacer un rápido reconocimiento de la anterior amistad, preguntar la hora y seguir el camino.
- Y si el otro en cambio sí quiere hablar de la amistad pasada, de las aventuras juntos, de la adolescencia y experiencias vividas? - me pregunta mi lado tradicionalista y socialmente domesticado.
- En ese caso, me respondo, con toda sinceridad, con educación y firmeza se dicen las siguientes palabras (u otras equivalentes): "Sigo mi camino. No deseo ahora recordar eso. Buenas tardes".
Lo hermoso sería que el primero tuviera la libertad de decirlo y el segundo tuviera el poder de no ofenderse. Sería hermoso, todos tendríamos un control total de nuestro pasado, de qué cosas queremos recordar y qué cosas en cambio nos atan como seres sociales que están obligados (y por ende no son libres) de recordar.
Pues bien, yo tenía un blog anterior (https://guatanga.blogspot.com/) que escribí por varios años pero que por diversos motivos descontinué. Me pasó que al leer algunos de los posts, no me reconocí como el autor de las líneas, como el origen de las ideas que estaban expresadas. A pesar de que todas esas palabras eran como una bolsa de piedras preciosas que resonaban con potencia en mi memoria. Como si los hubiera escrito en sueños. O como si pertenecieran a otra vida anterior. Como una foto movida de mi mismo, borrosa en sus contornos, pero mia, siempre era yo. Pero distinto.
Tuve una sensación extraña, la de haber perdido algo, o al menos de desconocerme en lo que leía. Y de extrañarlo, de sentir su falta.
Por lo tanto, consecuente con la dinámica de las curvas vitales, donde lo que queda atrás ya no forma parte de nuestras vidas, abro un nuevo blog, en donde quiero acumular algunas cosas extraordinarias que me ocurran o me pasen por la mente o por el corazón. Donde resida mi identidad. Donde yo esté, donde me reconozca. Sin lirismo ni aspiraciones poéticas. Como venga. En el mejor español posible.
En otras palabras, quiero hacer de este un archivo de una memoria selectiva. Atrapar esos momentos como el cazador que atrapa leones y antílopes no por hambre, sino por la belleza de la captura.
Pues bien, este blog es mi intento personal por salvarme de los momentos y sus curvas. Como este es un post de filosofía barata, o al menos a precios convenientes, no voy a decir que quiero hacer una colección de mis momentos de "eureka!". Digamos mejor que voy a exclamar "recórcholis!". Y trataré de guardarlo en las estanterías de este blog.
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