lunedì 18 aprile 2011

Habemus Papam

Debería decir en primer lugar que la religión no es mi tema. O dicho de otra forma, no es uno de mis temas favoritos. Tengo una serie de consideraciones emocionales que me hacen ver con desconfianza las instituciones religiosas y en general todas las superestructuras que tienen (o se arrogan) un poder sobre la vida privada de las personas. Si esa superestructura es además un Estado, me parece una superestructura supersospechosa.

Hecha esta salvedad, paso a comentar la última película sobre Nanni Moretti. En pocas palabras, es una mala película sobre una excelente idea.

La idea es realmente interesante, las dudas de un Cardenal que no logra entrar en el rol de Pontífice, sus cuestionamientos internos, las angustias que provoca el verse el líder de una multitud que exige, que grita, que demanda, que agota.

Muy interesante me parece también la división entre el Papa hombre y el Papa Santo Padre. La humanidad y la santidad encerrada en un mismo cuerpo que vive, que suda y come, duerme, que sufre y que se medica. Que se cansa. Es un conflicto que reside sin duda en el fondo mismo de la humanidad que a fuerza de carne y hueso ha siempre pretendido ser espíritu y trascendencia. Es un conflicto por lo tanto que resuena fuertemente en todos nosotros.

Sin embargo la película se extravía en un bosque de escenas inconexas y de comedia a la italiana, donde lo que se busca es la sucesión de gags y de pequeñas historias, de escenas, de fotografías que sirven para inspirar a un escultor pero no para construir un discurso cinematográfico coherente.

Tal vez uno de los puntos más débiles de la narración de la película es el tratamiento que le da al grupo de cardenales, con quienes Nanni Moretti (director y que a la vez es el personaje del psiquiatra en la película) trata como a un curso de niños que visita el Vaticano. Hay un cierto infantilismo en los personajes cardenalicios, como si fueran pequeñas criaturas débiles y sin voluntad que se distraen jugando a las cartas y a juegos de pelota mientras se decide el futuro de la iglesia. Algunas escenas parecen mostrar al grupo de cardenales como un hogar de ancianos, olvidados de sus familias y con carencia de atención, de guía, de alguien que los escuche.

Hay en esto un olvido que la iglesia es una institución donde el poder político y social fluye con una fuerza atroz, y que los cardenales, lejos de ser semi-niños sin capacidad de iniciativa, son verdaderos príncipes que han llegado al lugar donde están creando redes de poder, y que son autoridades (espirituales y políticas) altaneras, seguras de sí mismas, despreciativas, y autoritarias, características que han sido totalmente ignoradas en la película.

Sería genial si la película fuera una comedia. A ratos lo parece.

Pero no lo es. "Habemus Papam" termina siendo un discurso truncado de una crisis espiritual no explicada, o bien no profundizada, sin ofrecer elementos de complejidad que debería acompañar el profundo conflicto entre carne y alma, entre vocación y poder, entre auto-estima y ambición. En la humanidad de lo divino y en la trascendencia de lo humano.

Y podría hacerse también con humor. El humor no es contradictorio con un discurso bien hecho sobre este complejo tema. Y de hecho lograr construir una narración que incorpore el humor armónicamente con la historia hubiera sido una empresa genial de Moretti.

Pero no lo logra. En una sala repleta de gente predispuesta a ver una joya del cine, quedé con la sensación de que la película estaba llena de escenas que debieron ser sacadas, o editadas, con ideas que parecían más una improvisación que producto de una planificación pensada y reposada. Al final, un collage de escenas que buscaban hacer reir de cosas banales, superpuestas como capas de una cebolla sobre un centro profundo y serio. Que sin embargo resulta ser pequeño, apenas esbozado, y más bien opacado por una hora y media de diálogos dispersos de personajes sin rumbo, sin dirección, en una película que es mucho cuerpo y poca alma.

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